El principio del fin de los plásticos desechables

Durante la quinta sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA-5.2) en Nairobi, a la que asistieron más de 5.000 personas tanto en persona como en línea, se ha alcanzado un acuerdo internacional histórico para acabar con la plaga de plásticos que contamina nuestro planeta.

Su objetivo es crear un acuerdo legalmente vinculante para 2024. Y para eso, el trabajo de la cooperación internacional para abordar el ciclo de vida completo de los plásticos comienza ya.

“En un plazo de tiempo que es tan ambicioso como absolutamente necesario, tengo muchas esperanzas de que el potencial de este compromiso pueda tener un impacto significativo y de gran alcance en el planeta que dejamos a las generaciones futuras”, dijo Achim Steiner, Administrador del PNUD. “Estamos listos para ayudar a los países a abordar la contaminación por plásticos, mientras mejoramos la salud humana y los medios de vida, así como empoderamos a las comunidades locales hacia una resolución compartida para acabar con los plásticos desechables”, siguió Steiner.

El acuerdo llega con retraso, pero llega.

Incluso antes de la COVID-19 ya estábamos rodeados de plásticos de un solo uso.

Solo se recicla el 9 % de los 400 millones de toneladas de plástico que se producen al año, según estimaciones de un informe reciente de la ONU. Lo restante se desecha.

Pero, ¿dónde?

Desde las profundidades de la Fosa de las Marianas hasta la cima del monte Everest, el plástico se encuentra literalmente en todas partes. Se estima que se desechan al océano entre 5 y 13 toneladas métricas de plástico cada año.

Si continuamos a este ritmo, la contaminación por plásticos se multiplicará diez veces para el año 2025 y los océanos se llevarán la peor parte.

“En los últimos años, a medida que ha crecido la comprensión del problema, la contaminación por plásticos en los océanos emerge como una nueva amenaza para la salud de los mismos, junto con la contaminación por nutrientes, la sobrepesca, las especies invasoras, la pérdida de hábitat y el cambio climático; el cual incluye la acidificación, el calentamiento y la desoxigenación como principales amenazas a la sostenibilidad de los océanos”, dijo Andrew Hudson, jefe del Programa de Gobernanza del Agua y los Océanos del PNUD.

Cuando la COVID-19 irrumpió y causó la desaceleración de la economía mundial, los océanos disfrutaron de algunos beneficios medioambientales a corto plazo, tales como la disminución de la demanda de mariscos y la reducción de la contaminación del turismo.

A pesar de ello, dos años después, el incremento de la demanda de mascarillas y otros elementos de protección personal de un solo uso, como equipos de testeo y jeringas, se han agregado a la existente avalancha de contaminación.

Al rededor del 30 % de las instalaciones sanitarias, que se convierte en el 60 % en los países menos desarrollados, no pueden gestionar los residuos actuales. Menos aún los generados adicionalmente por la pandemia.

Según una primera estimación sobre la envergadura del problema, la Organización Mundial de la Salud (OMS) descubrió que una iniciativa conjunta de la ONU para situaciones de emergencia generó 87.000 toneladas de equipamiento de protección personal. La mayor parte de estos equipos acabarán convertidos en residuos sin gestionar. La iniciativa, que envió 140 millones de equipos de testeo, generó un potencial de 2.600 toneladas de residuos. También suministró 8 mil millones de dosis de vacunas que provocaron 144.000 toneladas de residuos.

Sin embargo, esto es solo una parte del problema. En esta estimación, no se toman en cuenta los equipamientos comprados fuera de la iniciativa, ni los residuos generados por el público, tales como cubrebocas médicos desechables.

Este año se llevarán a cabo una serie de eventos importantes con el objetivo de abordar el urgente y creciente desafío de la salud de los océanos.

En marzo, el PNUD estará moderando una sesión sobre “La superación de la sobrepesca” en la World Ocean Summit (Conferencia Global de Océanos) organizada por la revista The Economist, donde industrias, gobiernos, organizaciones conservacionistas, entre otras, trabajan para el cumplimiento de la Agenda 2030 con objetivos para recuperar la salud de los océanos y explorar posibilidades en acuicultura, turismo oceánico, pesca y reducción de plásticos.

Y siguiendo estas reuniones, en el mes de julio tendrá lugar en Portugal la Conferencia sobre los Océanos de las Naciones Unidas.

La finalidad principal es combatir la contaminación marina y reforzar el compromiso de lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14 de protección de la vida submarina. Los delegados también abordarán la acidificación oceánica y la pesca sostenible, especialmente para los pescadores a pequeña escala.

“Las reuniones importantes sobre océanos que tienen lugar en este 2022 ayudarán a crear el impulso colectivo y el compromiso político para acelerar el progreso en el cumplimiento del ODS 14. La clave del éxito de estas reuniones serán las nuevas acciones y los compromisos tangibles sobre los océanos: desde la ONG más pequeña, hasta los gobiernos y empresas más grandes”, dijo el señor Hudson.

En 2020 se creó el Desafío de Innovación para el Océano del PNUD, el cual tiene el objetivo de apoyar los esfuerzos de las nuevas empresas, ONG y otros para combatir la contaminación marina, reducir la sobrepesca y abordar otras metas del ODS 14. La iniciativa fomenta el pensamiento creativo en todo el espectro de desafíos oceánicos y ha dado lugar, entre otras propuestas, a neveras fabricadas con cáscaras de coco para reducir los residuos de poliestireno que acaban ensuciando las playas, o soluciones para reducir los microplásticos en una de las mayores actividades contaminantes del planeta: la moda rápida y la ropa producida de forma masiva.

¿Podría ser 2022 el año en que demos un giro en la protección y restauración de los océanos? El coste será elevado, pero no tan elevado como el de la inacción.

El PNUD estima que el coste total del uso insostenible de los océanos, desde la contaminación hasta la sobrepesca y las especies invasoras, es de casi USD 1 billón al año. Para lograr el ODS 14 es fundamental invertir en la restauración y protección de los ecosistemas marinos para recuperar los beneficios económicos, los puestos de trabajo y la seguridad alimentaria que proporcionan los océanos sanos.

Fotos: Shutterstock

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Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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