Guerreras que emprenden

A través de la resiliencia y la creatividad, la familia Garay inició un nuevo negocio después de cerrar su minimercado debido a la pandemia.

Emprender siempre ha implicado un riesgo y más aún en una pandemia. Cuando el coronavirus paralizó Perú, la mayoría de las empresas recurrieron a sus ahorros para sostenerse durante lo que serían dos semanas de cuarentena. Pero las limitaciones se prolongaron. “Lo más duro fue cerrar nuestra bodega y estar por varios meses sin apenas creer que esto iba a pasar”, dice la empresaria Liz Garay. Mientras algunos caían ante esta incertidumbre, otros se reinventaban por completo como el negocio de la familia Garay.

“Un emprendedor no solo abre un negocio, también mantiene las ganas de seguir adelante pese a lo que pueda pasar”, expresa ella, inspirada por su madre quien en esta emergencia ha creado un negocio de postres limeños. “La idea nació de una conversación con mi hermano. A ella siempre le decimos que tiene manos mágicas”, comenta sobre este emprendimiento con el que pagan sus deudas familiares.

“Un emprendedor no es solo alguien que abre un negocio, sino también alguien que, a pesar de lo que pueda suceder, mantiene el deseo de seguir adelante”, dice Garay. Ella, su madre y su hermano iniciaron una aventura gastronómica.

Durante los meses de inamovilidad total — abril, mayo y junio — se perdieron más de seis millones de empleos a nivel nacional, siendo más afectadas las micro y pequeñas empresas (MyPes) que sostienen el 85% del empleo formal. En estos meses es cuando nace Guerrero Emprendedor desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), IKIGAI Laboratorio Social, Fundación Belcorp, y MeUno y diversas organizaciones aliadas en el movimiento Juntos Nos Hacemos Cargo. Desde agosto, el programa cuenta con el respaldo de Tu Empresa del Ministerio de la Producción, lo cual le ha permitido llegar a emprendedores de más de 20 regiones del país.

“Al inicio pensamos que la cuarentena acabaría pronto, pero cuando se fue alargando ya no sentíamos futuro”, explica Cinthia Vargas, otra emprendedora del programa que poco antes de la pandemia había liquidado su anterior negocio de decoración de fiestas para cambiar de rubro. “Una guerrera emprendedora vuelve a surgir a pesar de lo que está pasando en el mundo y vuelve con más fuerza que en su primer emprendimiento”, asegura ella, quien ante las nuevas necesidades que trajo el virus inició la venta de artículos de desinfección. “Con lo poco que teníamos, nos levantamos. Tenía miedo, pero fui fuerte por mis hijos”, asegura.

Desde abril a agosto de este año, Guerrero Emprendedor ha otorgado mentorías a empresarios como Garay y Vargas quienes, en medio de la angustia y la desolación que trajo la COVID-19, decidieron salir adelante. A través de un proceso de formación intensiva de seis semanas, accedieron a diversos módulos para mejorar sus estrategias de venta y digitalización, aprender sobre educación financiera y potenciar su resiliencia empresarial. Estas lecciones fueron dictadas por expertos de distintas organizaciones académicas y privadas y se llevaron a la práctica mediante las asesorías de más de 300 voluntarios profesionales en materia de negocios.

Ante las nuevas necesidades provocadas por el virus, Cinthia Vargas comenzó a vender artículos de desinfección y limpieza. “Con lo poco que teníamos, tuvimos que levantarnos. Tenía miedo, pero era fuerte por mis hijos“, dice.

Desde su primera edición en abril, el programa ha ampliado sus módulos de enseñanza acorde a esta nueva normalidad que ha acelerado el comercio electrónico a niveles no esperados para las empresas peruanas. Según la Cámara de Comercio de Lima, en junio de este año se registró el crecimiento más alto de compras por internet con 225% más que el mismo mes del año pasado. Para que los emprendedores puedan avanzar en esta transformación, han aprendido estrategias con las que establecer sus propios canales digitales de venta y su afiliación a mercados digitales.

Liz Garay llegó a este programa gracias a las redes sociales. “Guerrero Emprendedor no solo me ha ayudado a establecer nuevas formas de gestión para mi negocio, sino a llevar una buena gestión de redes sociales para enfrentarnos a esta nueva modalidad de trabajo”, comentó.

Lo que distingue a Guerrero Emprendedor de otros programas es el voluntariado profesional.

“El voluntariado me ha permitido apoyar a dos emprendedoras que luchan por su familia con un sueño”, señala Diana Quiroga, voluntaria que asesoró a Vargas y a otra empresaria de Arequipa. “ Me motiva todo lo que está detrás de ellas, su esfuerzo, sus ganas de aprender y salir adelante”.

Sin embargo, la pandemia también ha significado un desafío para llevarlo a cabo. Al considerar las brechas de conectividad de los empresarios, se potenció el voluntariado digital mediante canales de fácil acceso y bajo costo, como Facebook y Whatsapp. “A pesar de la distancia, ellas daban todo de sí y las ganas que ponían era estimulante”, comenta Quiroga. “Sus emprendimientos estaban despegando, pero se podía ver su afán por aprender, siempre a tiempo y con sus tareas completadas”.

Guerrero Emprendedor brindó tutoría a emprendedores a través de una capacitación digital de seis semanas; Se les enseñaron varios módulos para mejorar sus estrategias de ventas y digitalización, aprender habilidades financieras en este nuevo contexto y mejorar su resiliencia empresarial.

“El empresario peruano es un agente de cambio que puede transformar nuestro país hacia uno mejor”, dice Aurelia Castromonte, voluntaria que asesoró a una empresaria de una clínica dental y un emprendedor de muebles de oficina. “Al hacer estas asesorías personalizadas, he tenido dos historias que impulsar y hacer más resilientes”. Precisamente, esa resiliencia es una de las capacidades que más se invoca en esta crisis y, aunque no es simple de enseñar, Guerrero Emprendedor la tiene como hilo conductor para sobrellevar el cambio abrupto de estos meses.

“Al hacer estas asesorías personalizadas, he tenido dos historias que impulsar y hacer más resilientes”, agrega. Tras una radiografía completa del negocio, cada emprendedor ha participado en mentorías con los voluntarios para que, mediante ejercicios prácticos de rápido alivio, puedan identificar sus emociones, reforzar su liderazgo y apuntar hacia su propósito personal. “La resiliencia está en cómo siguen luchando y no se conforman con lo que pasa. Si pasan por una dificultad, se levantan con perseverancia”, agrega Castromonte. Asimismo, los empresarios han conocido las buenas prácticas de recuperación en otros países con economías similares a la peruana, así como distintas estrategias para adaptarse, diversificarse, innovar y reabrir un negocio.

Los resultados de Guerrero Emprendedor en estas tres ediciones han sido exitosos. Del total de participantes, el 92% ha adaptado los aprendizajes en sus negocios. A partir de esto, el programa aspira a llegar a más de 10.000 empresarios hacia 2021.

Una de esas emprendedoras es Zoila Velásquez, quien motivada por la experiencia, ahora quiere crear contenidos en redes sociales para que otras mujeres puedan emprender sus ventas digitales de bisutería hecha a mano. “Esto les puede servir para empoderarse e involucrarse en un tema que desconocían”, destaca. “Tenemos que perder el miedo. A veces van a haber tropiezos y algunos nos van a desanimar, pero si tu sueño es crear algo grande, vas a saber guerrear ya que las mujeres no nos dejamos vencer tan fácilmente”.

Zoila Velásquez ha aprendido a mejorar sus ventas digitales de joyería hecha a mano a través del programa Guerrero Emprendedor.

Texto: Sally Jabiel. Fotos: PNUD Perú/Jasmin Ramirez Romero

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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