“La violencia contra la mujer no es propia de ninguna cultura. Es una elección”

En sus propias palabras: las activistas por los derechos de las mujeres en la región del norte de África y Oriente Medio hablan sobre lo que se necesita para construir un mundo más seguro

Las mujeres que viven en situaciones de crisis son especialmente vulnerables a la violencia de género. Foto: PNUD Iraq / Claire Thomas

En una crisis, hasta el 70 % –es decir, más de dos de cada tres mujeres– sufre alguna forma de violencia de género. Esta alarmante estadística no es nueva. Pero Samah Krichah quiere que todo el mundo sepa que no es inevitable.

“La violencia contra las mujeres no es autóctona de ninguna cultura”, dice Samah, responsable de programas en “Kvinna Kvinna”(Túnez), una organización proderechos de la mujer . “Es una elección, una decisión tomada por un pequeño grupo de hombres con poder”, afirma.

Los conflictos armados y las crisis humanitarias tienen un impacto desproporcionado para las mujeres y las niñas, lo que empeora los factores de riesgo de violencia. Esto se ha visto aún más agravado por la COVID-19, que ha provocado un aumento en la incidencia de la violencia sexual y de género en todo el mundo.

En 2020, hubo más de 2 500 casos comprobados por la ONU de violencia sexual relacionada con conflictos en 18 países. En el 96 %, las víctimas eran mujeres o niñas.

Al norte de Líbano, la policía municipal de Al Mina recluta a mujeres como parte de una iniciativa para situar los derechos de las personas en el centro de la actividad policial. Foto: PNUD Líbano

Las normas sistémicas y culturales son los principales impulsores de la violencia de género en todos los contextos. Pero la falta de acceso a la justicia que prevalece en muchos contextos de crisis supone que, incluso cuando las víctimas buscan ayuda, no haya canales abiertos para ellas, o haya pocos, lo que aumenta su vulnerabilidad.

Para las activistas de los derechos de las mujeres que viven en la región del norte de África y Medio Oriente, la clave para abordar la violencia de género está en acabar con esas normas que permiten que suceda. Esto, junto con un esfuerzo concertado y coordinado de las mujeres que viven en crisis para denunciar la violencia de género, es una de las formas más efectivas de lograr un cambio real y duradero.

“Todas y cada una de las personas pueden ayudar a romper las normas sociales y las creencias dañinas que perpetúan la violencia contra la mujer”, dice Ghida Adani, fundadora y directora de Abaad en el Líbano.

“Todas y cada una de las personas pueden ayudar a romper las normas sociales y las creencias dañinas que perpetúan la violencia contra la mujer”, afirma la activista libanesa Ghida Anani. Foto: facilitada por Ghida Anani

Adani, que dio sus primeros pasos como trabajadora social en el Consejo Libanés de Resistencia ante la Violencia contra las Mujeres, ha dedicado su carrera a la lucha por los derechos de la mujer. Hace diez años fundó su propia organización, Abaad, que aboga por la justicia de género y la erradicación de la violencia de género en el Líbano.

Adani dice que en el Líbano, que se enfrenta a una crisis multidimensional con la inestabilidad política, el colapso económico y las tensiones regionales, “las mujeres están luchando en diferentes frentes”.

Pero, a pesar de los retos a los que se enfrentan las mujeres, asegura que hablar puede darles fuerza y poner el foco en los temas que más importan.

“Desde las leyes discriminatorias nacionales hasta la violencia de género, que de hecho aumenta durante los conflictos y las crisis socioeconómicas, hemos visto cómo estos retos han fortalecido a las mujeres en el Líbano, que rompieron con los estereotipos al tomar las calles durante las manifestaciones de los últimos años y al exigir igualdad”, dice Ghida.

En Túnez, Samah Krichah, de Kvinna Kvinna, está de acuerdo en que se necesita un cambio sistémico para mejorar la vida de las mujeres y reducir la incidencia de la violencia de género en contextos de crisis. Krichah cree que cada persona tiene un papel que desempeñar para acabar con estos ciclos de violencia y, en particular, los hombres y mujeres jóvenes.

“La violencia contra las mujeres no es propia de ninguna cultura. Es una elección”, afirma la activista tunecina Samah Krichah. Foto: facilitada por Samah Krichah

«Las mujeres, especialmente las jóvenes que están al lado de hombres jóvenes, pueden aprender a denunciar las mentiras y resistirse a verse atrapadas por ellas en el futuro», afirma.

Krichah tiene la esperanza de que llegue ese cambio.

“El futuro que quiero para mí y para mis hermanas de mi país y de mi región, es un futuro en el que no tengamos que luchar por nuestros derechos básicos, en el que no tengamos miedo de andar por la calle y en el que sea normal que las mujeres ocupen puestos de poder y pongan en marcha políticas feministas por el bien de la comunidad, la nación y la región”, afirma Krichah.

El PNUD trabaja en todos los países donde está presente para prevenir la violencia de género. Y, desde el inicio de la pandemia, el PNUD junto con sus socios implementa soluciones para ayudar a más de 80 países a luchar contra esta “pandemia en la sombra” mediante iniciativas como la adaptación de servicios dedicados específicamente a la violencia de género y la integración generalizada de una perspectiva de violencia de género en los esfuerzos para acabar con la COVID-19.

Los conflictos y las crisis humanitarias tienen un impacto desproporcionado en las mujeres y las niñas. Foto: PNUD PAPP / Abed Zagout

En ningún lugar es más necesario este apoyo que en los países que ya se enfrentan a crisis. La capacidad de las mujeres para vivir una vida sin violencia de ningún tipo es fundamental para lograr la paz, la estabilidad y la prosperidad. De lo contrario, no será posible alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“Creo firmemente en el poder de trabajar juntos para afrontar los retos de hoy y de mañana”, dice Adani.

“A la larga, mejorar la vida de las mujeres no afecta solo a las mujeres. Tiene que ver con construir una sociedad próspera”, finaliza.f

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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